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    COMPARACIONES CON SITIOS HUARI

    Viracochapampa es el sitio de filiación huari en la zona de Huamachuco (Fig. 16). Se ubica a poco distancia de Marcahuamachuco, Cerro Amaru, y Cerro Sazón, y todos ellos están en contacto visual entre sí (Fig. 17). Pese a que la mampostería de Viracochapampa es distinta y su plano es más regular, los edificios de Viracochapampa se parecen mucho a los de otros sitios huamachuquinos. Casi en su totalidad, Viracochapampa se compone de galerías y galpones nichados dispuestos alrededor de patios (Figs. 18, 19). Además de ello, se encontraron huesos humanos en un pozo de huaqueros en la esquina de un galpón nichado (J. Topic 199 l).

    Ya que la construcción de Viracochapampa nunca fue llevada a cabo y que el sitio nunca fue ocupado (salvo por los obreros), no hay evidencias directas que indiquen el rol que las galerías y galpones nichados iban a jugar, ni las actividades por realizarse. Pero, por la semejanza compartida entre las formas arquitectónicas de varios sitios, es de suponer que las galerías iban a servir como espacio doméstico y los galpones nichados para la veneración de los huesos de los ancestros enterrados en los muros. Si se acepta esta interpretación, no hay necesidad para considerar Viracochapampa como un sitio militar/administrativo, sino como un centro ritual, de la misma manera que Marcahuamachuco. De hecho, Viracochapampa probablemente fue planificado con la intención de reemplazar a Marcahuamachuco y, como éste, para ser ocupado sólo por temporadas.

    Con esta interpretación, el plano del sitio se comprende mejor y, asimismo, tiene más significado (Fig. 16). El plano puede ser visto como un mapa social de las pachacas que iban a utilizar Viracochapampa para sus rituales. Por el estado incompleto del sitio es posible que el proyecto parecía ser la construcción de más grupos-patio, pero existe una serie de patios con galerías que podrían albergar los integrantes de una pachaca y galpones nichados en los que los integrantes podrían festejar a sus ancestros. Además de ello, el sitio se organiza en dos mitades por medio de un eje E-0 que pasa por el centro de la plaza central (Topic 199 l). Se desprende de ello que los galpones están distribuidos igualmente en cada mitad del sitio: si los galpones fueron destinados a ser adoratorios de distintas pachacas, esta organización espacial sugiere que las pachacas fueron agrupadas en dos mitades.

    Existen cinco galpones ubicados en el eje E-0 (Fig. 16). Dos destacan por su tamaño de los otros galpones, tienen accesos en el espacio público de la plaza y su asociación con las galerías es incierta; es posible que fueran planificados para rituales que integraban las pachacas por mitades, con un enfoque espacial en la plaza. De la misma manera, un galpón nichado se ubica al este de la plaza, flanqueado por dos galpones pequeños y cuadrados. Los accesos de estos tres galpones dan hacia el este, donde se aprecia un gran recinto abierto. Su relación con galerías es incierta y posiblemente éstas iban a ser utilizadas para rituales que integrarían los miembros de varias pachacas.

    Sin embargo, el contexto más común para los galpones es un patio con galería, aunque las galerías no fueran frecuentemente concluidas, y se observan siete galpones en cada mitad del sitio. Así, esto sugiere que existían 14 pachacas organizadas en dos mitades. En cada mitad se encontraron agrupaciones de uno a cuatro galpones con sus patios y galerías, que pueden representar otro nivel de organización social dentro de cada mitad o sea grupos de dos, tres o cuatro pachacas más relacionadas entre sí que con las otras (Fig. 18).

    El sitio es bien organizado y tiene una jerarquía en el sentido de que las pachacas se agrupan en unidades cada vez más inclusivas: de dos, tres o cuatro pachacas, luego las mitades y, por último, la totalidad del cuerpo social. Pero la jerarquía existe solamente de modo formal y mecánico, ya que las pachacas que forman la base de la organización son indistinguibles en su rango: el tamaño de los galpones, galerías y patios varía, pero en grado menor (Figs. 16, 18).

    De hecho, la uniformidad en escala y la repetición de unidades equivalentes es característica de la arquitectura celular ortogonal. Esta uniformidad implica un fenómeno correspondiente en lo que respecta al rango y status de los grupos sociales que ocupan las celdas (Topic y Topic 1992).

    Es difícil fechar la construcción de Viracochapampa, ya que las excavaciones extensivas produjeron muy poco material diagnóstico y los dos fechados radiocarbónicos no son fidedignos (fechados de 250 ± 80 y 1130 ± 80 d.C., sin calibración). Pese a ello es muy probable que la construcción del sitio se iniciara y se abandonara durante el Horizonte Medio 1 B (J. Topic 199 l). Las fechas absolutas para el Horizonte Medio IB son discutibles, pero la de la construcción de Viracochapampa podría situarse alrededor de 650 a 700 d.C. (Cf. Isbell 1983: Table l).

    Probablemente, Viracochapampa fue construido con la intención de reemplazar al centro ritual de Marcahuamachuco. Es difícil fechar de manera precisa cada galpón nichado en este último complejo, pero, en ese entonces, quizás la mitad, o sea más o menos 10, de los galpones nichados que iban a ser construidos en Marcahuamachuco ya existían. Así, los dos sitios tuvieron un número semejante de galpones nichados y, en consecuencia, integraban un número semejante de pachacas. Mientras que los dos sitios comparten las mismas formas arquitectónicas, de los galpones y galerías, la organización respectiva de los componentes es muy distinta. Aunque en Marcahuamachuco, en la fase correspondiente, se reconocen agrupaciones de hasta dos galpones dispuestos en los lados de un patio, la mayoría son dispersos y los galpones están separados de las galerías. El modelo espacial y social dual parece haber sido una de las ideas traídas a Huamachuco desde Huari y el plano de Viracochapampa refleja esta organización del paisaje social.

    La construcción en Marcahuamachuco, después del abandono de Viracochapampa, revela un rechazo general de este modelo, a pesar de que la plaza mayor en Cerro del Castillo quizás preserva la idea de la plaza central en Viracochapampa (Fig. 20). El desarrollo de la arquitectura en Marcahuamachuco se caracteriza por un rango más amplio de formas de galerías y galpones nichados, que son también más variables en escala. Dado que los dos sitios probablemente fueron construidos por las mismas pachacas, la variación en Marcahuamachuco es una indicación de su crecimiento orgánico, mientras que la uniformidad en forma y escala visto en Viracochapampa refleja la imposición de un modelo artificial. De todos los sitios huari, Pikillacta es el más parecido a Viracochapampa y los resultados de investigaciones recientes (McEwan 1991; 1998) proveen de datos concordantes con la interpretación funcional de la arquitectura de dicho complejo. La mayor parte de la arquitectura se compone de galerías y galpones nichados. Las excavaciones en los patios con galerías sugieren que fueron utilizados para actividades domésticas como dormitorios y cocinas (McEwan 1991: 104). Se reconocen 18 galpones nichados, pero otros ejemplos no se concluyeron en el momento en que el sitio fue abandonado (McEwan 1998: 85).

    La concentración de galpones en los sectores más tempranos del sitio y su ubicación en los patios mayores indica la importancia de los galpones nichados. Como se vio en Viracochapampa, hay agrupaciones de galpones y también hay galpones más grandes en las plazas mayores. Es común tener pozos de ofrendas en las esquinas de los galpones y las ofrendas incluyen Spondylus, bronce, huesos de camélidos y cráneos humanos (McEwan 1998). En Pikillacta, por ende, los restos humanos se encuentran en pozos de ofrendas en los pisos y no en los muros. McEwan (1998: 84) también llega a la conclusión que los galpones nichados sirvieron para la veneración de ancestros. Además de ello, él clarifica el contexto en que fueron encontradas las famosas figurinas antropomorfas de turquesa. En una ocasión anterior, McEwan (199 1) señaló un patio con galería como el contexto de las figurinas; pero, recientemente (McEwan 1998: 80), propone que fueron encontradas en dos pozos de ofrendas en un galpón nichado grande (Unidad 36) situado en uno de los patios mayores. La ubicación de las dos ofrendas, de 40 figurinas cada una, dentro de un galpón nichado concuerda con la interpretación de Anita Cook (Cook 1992), quien propone que estos objetos representan ancestros míticos. Además, ella enfatiza también el carácter dual de las ofrendas, en conformidad con la organización social reconocible en Viracochapampa. Lamentablemente, por ignorar si el contexto de las ofrendas se ubicaba en un galpón nichado y sin reconocer las raíces históricas de los galpones níchados en las pachacas del norte, ella interpreta las figurinas como producto de un proceso de legitimación política de la conquista y administración burocrática por un "régimen establecido" en Huari.

    De la misma manera, McEwan propone que los galpones nichados reflejan la subordinación de lo religioso a lo estatal, ya que "los galpones nichadosl se encuentran dentro de complejos más grandes, presumiblemente administrativos".

    En ambos casos, se reconoce una lógica circular. Mientras que ambos investigadores admiten el rol ritual del sitio, proponen que la veneración de ancestros fue manipulada por el estado como un mecanismo de administración que dominaba la población por el control de los derechos de la herencia (McEwan 1998: 80; Cook 1992: 360). Si la evidencia arqueológica para la veneración de ancestros es obvia e indudable, ¿qué evidencia existe para la administración estatal? Según ellos, ¡sería la presunta función del sitio la de un centro burocrático impuesto por conquista militar! Es necesario insistir, una vez más, en las contradicciones en este modelo propuesto. Además de Viracochapampa y Pikillacta, posibles galpones nichados se encuentran en otros tres contextos huari: Huari mismo, Batan Urqu y, posiblemente, Wari Wilka. McEwan (1998: 8 1) sugiere que Wari Wilka originalmente tuvo un galpón nichado, pero su existencia queda sin confirmación. Este complejo tiene un manantial que fue la paccarina de los Wankas (Cieza de León 1984 [15531:243).

    En Batán Urqu, Zapata (1997) ha excavado un complejo funerario con una variedad de contextos funerarios, incluyendo tumbas murales, entierros en estructuras funerarias y tumbas en hendiduras naturales del suelo. Las tumbas murales son parecidas a las encontradas en los galpones nichados de Huamachuco. En Batán Urqu, las tumbas murales se encuentran en una muralla ancha que encierra el área funeraria, formando un recinto rectangular de 33 por 89 metros. Al parecer, algunas tumbas murales fueron colocadas en espacios construidos y dejados libres cuando la muralla fue construida; éstas son mayormente tumbas colectivas.

    Hay un solo caso (Tumba 9) que parece indicar que el entierro fue colocado en un nicho. Existen otras tumbas murales en huecos cavados en el núcleo de la muralla. Además, mientras que las tumbas murales tienen pocas ofrendas funerarias, Zapata excavó cinco estructuras funerarias dentro del recinto formado por la muralla, las que tuvieron una mayor cantidad de ofrendas. De éstas, la estructura IV fue la más rica, aparentemente en la misma escala de ofrendas encontradas en Cerro Amaru. Cabe anotar que una de las estructuras funerarias (estructura II) tiene la forma circular o quizás la forma de "D".

    La relación cronológica entre la muralla y las estructuras funerarias que ocupan el espacio definido por ella es incierto. Es posible que la muralla fuera construida antes que las estructuras funerarias para enmarcar el espacio ritual. Sin embargo, el patrón de destrucción de las estructuras III, V y 11 (C-A, T-1 y T-2) sugiere que las estructuras funerarias ya existían cuando los cimientos de la muralla fueron excavados, rompiendo algunos muros de éstas (Zapata 1997: Figs. 4, 26, 32 y 36). Al parecer, los muros de las estructuras funerarias I y III tampoco alinean perfectamente con los muros noroeste y suroeste de la muralla. La relación cronológica entre las estructuras funerarias de forma rectangular y la estructura funeraria en forma circular (o en forma de "D") también es incierta.

    Una secuencia lógica, aunque sin pruebas existentes, podría iniciarse con la construcción de la estructura IV, seguida por las estructuras 1, 111 y V, y luego por la construcción de la muralla. La posición de la estructura circular todavía queda incierta en la secuencia propuesta por falta de adosamientos que podrían vincularla a otras construcciones. Sin embargo, la secuencia propuesta podría documentar cambios en los patrones mortuorios semejantes a los cambios observados en Huamachuco.

    En Huari sólo existen dos galpones nichados (Isbell et al. 1991: 48). Pese a no haberse excavado aún, sus contextos son, claramente, complejos arquitectónicos con patios y galerías. El contexto sugiere que fechan a la fase denominada por Isbell et al. (1991: 48) como "grupo-patio", es decir, Horizonte Medio IB (tardío), la misma fase en la que se encuentran los elementos arquitectónicos de derivación huamachuquina que pertenecen al patrón de la "arquitectura celular ortogonal".

    El grupo-patio que ha sido mejor investigado se llama Moraduchayuq. Este grupo-patio muestra influencia huamachuquina mayormente en sus galerías de doble planta, que sirvieron como espacio doméstico y que también tienen pozos de ofrendas en los pisos como en Pikillacta. Las ofrendas incluyen Spondylus, cobre, chaquiras de concha y piedra, y huesos humanos (Isbell et al. 1991: 40-4 l). Además de ello, un cráneo humano fue enterrado en una de las banquetas. Al fondo del complejo se observa una plataforma artificial que sirvió como adoratorio para los ancestros de los residentes (Isbell et al. 1991: 44), asociado con cuartos nichados y evidencias de fiestas rituales. Así, Moraduchayuq se caracteriza no sólo por elementos arquitectónicos derivados de Huamachuco, sino también por presentar evidencia de actividades características de los galpones nichados y galerías de Marcahuamachuco, Pikillacta y Viracochapampa. Desde la perspectiva norteña, Moraduchayuq podría ser interpretado mucho más lógicamente como un ambiente en el que una pachaca se reunía para festejar y venerar a los ancestros que como un centro administrativo en el cual algunos oficiales estatales festejaban a otros.

    A pesar de que los grupos-patio demuestran mejor la interacción con Huamachuco, el énfasis en entierros y ancestros es general en Huari. Complejos como Cheqo Wasi y Canterón 1 probablemente fechan antes que los grupos-patio y sirvieron para recibir entierros y ofrendas (Isbell et al. 1991: 46). La calidad y forma de construcción en Cheqo Wasi sugieren un número limitado de entierros elites e invitan a comparaciones con Cerro Amaru, Pashash, el entierro principal en Batán Urqu, etc. Un patrón contrastante se encuentra en el complejo de Vegachayoq Moqo, también construido antes que los grupos-patio, pero reutilizado más tarde para entierro. Allí se encuentra una gran cantidad de huesos humanos, incluyendo algunos enterrados en nichos, tumbas en cavidades de muros grandes y ofrendas de cráneos colocadas en un nicho. Al parecer, otra vez se está delante de un cambio del patrón mortuorio a fines del Horizonte Medio IB, desde un patrón enfocado en las tumbas de individuos de elite hacia uno que enfatiza los entierros múltiples secundarios con pocas ofrendas.

    Mientras que los entierros en Vegachayoq Moqo son secundarios y, más tarde, la arquitectura se caracteriza por nichos de planta trapezoidal, los nichos de Pikillacta y Viracochapampa también tienen formas trapezoidales, mientras que los de Marcahuamachuco son rectangulares. En el patio de Vegachayoq Moqo también se encuentra una estructura nichada en forma de "D"; otra estructura de este tipo está asociada a las tumbas de Cheqo Wasi. Aunque distinta en forma, sus contextos, tanto en Huari como en Honco Pampa, sugieren que estas construcciones pudieron haber sido una fuente de influencia huari en el desarrollo de los galpones nichados tardíos (después del Periodo Intermedio Temprano). Fuera de Huari, Schreiber (1991: 209) señala que Jincamocco, después de su abandono, fue reutilizado como lugar preferido para enterramientos, un patrón parecido a los entierros secundarios en Vegachayoq Moqo. En un patrón similar a los entierros en los galpones nichados de Viracochapampa, Marcahuamachuco y Kuelap, Denise Pozzi-Escot (1991: 90) describe una tumba mural en Conchopata: el entierro fue colocado en una cavidad dentro del muro y, después, éste fue acabado con enlucido. Pero otros sitios huari, como Conchopata, Jincamocco, Azángaro, Jargampata, Cerro Baúl, etc., difieren de los sitios discutidos precisamente por que les faltan galpones nichados. Mientras que estos complejos demuestran arquitectura del estilo Huari, a veces hasta la arquitectura celular ortogonal que tiene sus raíces en el norte, es la combinación de galerías dispuestas alrededor de un patio y asociado con un galpón nichado la que más interesa, porque es este patrón el que se puede vincular a la tradición socio-religiosa huamachuquina de una pachaca festejando a sus ancestros en un marco comunal.


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