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    Introducción


    Tradicionalmente, Huari ha sido interpretado como un estado o imperio que conquistó gran parte de la serranía peruana y lo dominó por medio de una serie de centros administrativos Isbell 199 la; Schreiber 1992). Esta interpretación se basa mayormente en la semejanza de la arquitectura de los centros, la evidencia obvia de planificación en su construcción y el hecho de que se puede definir una jerarquía de tres niveles en el tamaño de los sitios (v.g. Isbell y Schreiber 1978; Isbell 199la; Schreiber 1992). De acuerdo a estas observaciones, los centros fueron interpretados como focos de explotación económica manejados por una administración burocrática y sedes de guarniciones de control militar (Isbell 1977; Schreiber 1992; Sanders 1973). Los arqueólogos que siguen esta línea de interpretación se refieren frecuentemente al modelo de gobernación incaica (Isbell 1991 a; Cook 1992; Schreiber 1992). Sin embargo, algunas contradicciones se presentan en los datos que han sido citados en apoyo del modelo inca aplicado al contexto huari.

    Por ejemplo, mientras que se puede documentar arqueo lógicamente la expansión militar Chimú (T. Topic 1990) e Inca, por lo menos en las fronteras (v.g. Oberem 1981; Buys, Camino y Santamaría 1994; Almeida 1997), se carece de evidencias equivalentes de guarniciones y fortificaciones para Huari. En la década de los ochenta pareció que Cerro Baúl iba a llenar este vacío (Moseley et al. 199 l), pero se concluyó que este complejo debió cumplir, mas bien, una función ceremonial. Isla et al. (nd) señalan que las puntas de lanzas y flechas encontradas en el sitio sugieren por su contexto que fueron depositadas como ofrendas. Los autores afirman además que los traumas evidentes en una muestra de restos humanos que representan más de 700 individuos de filiación cultural Tiwanaku V, parecen haber sido causado por accidentes, ya que hay poca indicación de heridas causadas en acciones militares, como impactos de lanzas, flechas o porras.

    Otra contradicción más importante reside en la aplicación del modelo incaica de gobernación burocrática. Los incas financiaron sus actividades gobernativas mayormente por medio de la acumulación y distribución de productos de primera necesidad (D'Altroy y Earle 1985). Según este modo de financiamiento, los incas invirtieron gran parte de la mano de obra de la población tributaria en las chacras estatales para producir víveres. Estos productos, a su vez, fueron utilizados para alimentar al ejército, los mitayos, los oficiales de tiempo completo, etc. Este abastecimiento se realizó, en parte, en forma de la hospitalidad estatal, con el estado proveyendo chicha y comida en un evento festivo. Arqueológicamente, la hospitalidad estatal incaica se asocia a centros administrativos con plazas grandes, gran cantidad de colcas para almacenar los productos y alfarería para la preparación y el servicio de bebida y comida. Isbell (199la: 300-301), entre otros, sostiene que la distribución de cerámica en sitios huari indica una forma de hospitalidad estatal ritual. La distribución de formas de cerámica puede, por cierto, sugerir la presencia de hospitalidad ritual, pero no necesariamente se trata de una hospitalidad estatal. Debería resolverse quién o qué institución es el patrocinador de la fiesta, quiénes son los beneficiados festejados y para qué fines se celebra la fiesta.

    Se regresará a estas preguntas más abajo, pero antes se presentan tres observaciones generales. Una primera e importante es la ausencia de almacenaje a gran escala en sitios huari. Anders (1991) y McEwan (1991: 116-117; 1998) demostraron que las hileras de cuartos pequeños en Azángaro y Pikillacta no representan depósitos. Schreiber (1991) teoriza que dos recintos en la cuenca de Carhuarazo podrían haber sido utilizados para almacenaje, pero admite que efectivamente ignora la forma arquitectónica de posibles depósitos huari. Sin embargo, Isbell (1977) sostiene que dos cuartos pequeños en el recinto de Jargampata eran depósitos. A pesar de la posible presencia de almacenaje a escala pequeña en este complejo, la ausencia de almacenaje en escala grande en los otros sitios interpretados como capitales provinciales y centros administrativos hace difícil sostener un modelo de hospitalidad al nivel estatal.

    La segunda observación se centra en la ausencia de individuos que permitan sostener que el ESTADO, como institución monolítica, haya patrocinado las fiestas. Anders (1991: 190-9 1) sugiere que la hospitalidad en Azángaro fue provisto por dos señores cuya autoridad fue compartida dualmente. Al notar el tamaño pequeño de los patios, Isbell (199la: 301) propone que la hospitalidad proveída por los residentes de Moraduchayuq también fue de escala pequeña y sugiere que algunos oficiales daban fiestas a otros oficiales. En el primer ejemplo, la autoridad ejercida corresponde al nivel de las dos mitades de un ayllu o a una entidad política regional. El segundo ejemplo de hospitalidad es mucho más íntimo que la hospitalidad estatal provista por los incas a sus mitayos, soldados y agricultores. Hay que enfatizar el empalme entre la ausencia de almacenaje a gran escala y las evidencias para hospitalidad a escala restringida.

    La tercera observación reside en el modelo inca basado en normas de reciprocidad tradicionales y no estatales (Murra 1980). El ideal de reciprocidad y generosidad se aplica a todos los niveles sociales y en diferentes ocasiones, e incluye el intercambio de labor entre familias, la prestación de labor a los líderes del ayllu, a las huacas locales y otros eventos, como los ritos de pasaje. Así, la evidencia de hospitalidad ritual, ejemplificada en concentraciones de vasijas para preparar y servir comida y bebida en cantidad, podría entenderse como el resultado de varias actividades no estatales. Por eso, es indispensable detectar el motivo para la festividad si se quiere llegar a una interpretación satisfactoria. Otra vez es necesario señalar que la ausencia de almacenaje a gran escala sugiere que la hospitalidad en sitios huari funcionaba a una escala social mucho más restringida que la hospitalidad estatal incaica.


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