PRESENTACION LIBRO DE ARTE RUPESTRE EN LA CUENCA DEL CHICAMA

    Me complace presentar el libro Arte Rupestre en la Cuenca del Chicama, escrito por Daniel Castillo Benites, a quien conocí en 1993, precisamente cuando iniciaba su trabajo de registro de evidencias rupestres en ese ámbito geográfico.

    El libro, editado por Luis Valle Alvarez, es el cuarto volumen de la serie Arqueología que viene publicando Ediciones SIAN. Se inicia con la motivadora presentación de Alfredo Mires Ortiz, y cuenta con ciento cuatro páginas. La obra está dividida en cinco capítulos, que incluyen los antecedentes, conceptos, técnicas para la elaboración de las evidencias rupestres y el escenario geográfico en el cual ellas se insertan; e incluye una minuciosa descripción de las evidencias registradas en el área de estudio, así como los resultados y conclusiones.

    En los antecedentes, el autor da a conocer referencias historiográficas y arqueológicas relacionadas al tema de la obra, para luego abordar la definición de categorías como arte rupestre, petroglifo, pintura rupestre, geoglifo, elementos indispensables para quienes se inician en la lectura de publicaciones especializadas como el presente libro. En cuanto a las técnicas, aquéllas relacionadas a la elaboración de geoglifos cuentan con el consenso de los especialistas. Las siete técnicas atribuidas a la factura de petroglifos, incluyen las definiciones publicadas por otros investigadores y las del propio autor, y -sin duda- motivarán un necesario debate que busque el consenso y la uniformidad de las categorías empleadas en diversas realidades y por distintos autores, de pronto acudiendo al auxilio de la arqueología experimental.

    De otro lado, la reseña del marco geográfico -la cuenca del río Chicama- comprende los datos relacionados al ambiente en su conjunto, aspecto indispensable para abordar la investigación de este tipo de sitios desde la perspectiva de la unidad geográfica que caracteriza a una cuenca.

    Luego, para presentar los sitios con evidencias rupestres, el autor utiliza cinco demarcaciones políticas: Ascope, Chicama, San Benito, Gran Chimú y Otuzco, al interior de las cuales él ordena la descripción de las expresiones rupestres y sus asociaciones, acompañada de 292 gráficos de los petroglifos, pinturas rupestres y geoglifos, que en su mayoría muestran la obligada escala gráfica; asimismo, incluye fotografías de varios casos.

    De los veintisiete sitios con evidencias rupestres, quince de ellos tienen antecedentes bibliográficos, como bien lo señala el autor, quien visitó nuevamente cada uno de aquéllos para fines comparativos y de registro. Por lo tanto, a Daniel le corresponde el mérito propio de la localización, estudio preliminar y publicación de ocho estos sitios inéditos con petroglifos, tres con pinturas rupestres y uno con petroglifos y un geoglifo, lo cual es un logro significativo, en la medida que es el producto de más de una década de paciente trajinar en un área de relieve cambiante y sin otro apoyo que no haya sido su voluntad e interés, y la colaboración de sus informantes.

    En cuanto a la preservación de los sitios, debo destacar la decisión del autor de no precisar la ubicación de las evidencias en coordenadas UTM, como una medida preventiva que libre a los sitios de los efectos de las visitas indiscriminadas y atentados lamentables, como ha venido ocurriendo en varias localidades con expresiones rupestres de los valles de Moche, Chicama y Jequetepeque, en los últimos diez años.

    Finalmente, creo que el capítulo de resultados y conclusiones es un balance preliminar de la información contenida en el libro, lo cual es lícito en la medida que se ha publicado un trabajo que continúa su proceso de acumulación de datos, y que –a no dudarlo- continuará brindando información inédita como para motivar una segunda edición de la obra. En el capítulo mencionado el autor busca relacionar las evidencias encontradas con su entorno cultural y natural, perspectiva de análisis que seguramente será profundizada y ampliada por Daniel, teniendo en cuenta que toda expresión rupestre se halla profundamente imbricada con otras evidencias materiales que forman su contexto cultural, y también con un paisaje en movimiento, en el cual las sociedades antiguas y de siempre aprendieron a leer la naturaleza y sus secretos para desarrollar su ciencia y cosmovisión.

    No quisiera concluir sin destacar que en la sección agradecimientos Daniel testimonia la gratitud que todo investigador debería guardar a sus informantes, de ahí que podamos leer los nombres de varios lugareños que colaboraron con él para ubicar varios sitios; a diferencia de varios a utores que olvidan hacer justicia a quienes les brindaron su incondicional hospitalidad, apoyo y conocimientos. En este contexto me permito sugerir al autor que dentro de sus actividades futuras recopile y publique los datos existentes sobre la percepción que tienen esos y otros lugareños acerca de los sitios con evidencias rupestres, y que se expresa en la oralidad, conforme sucedió en el caso de Cerro San Bartolo en Ascope, vinculado a una hermosa leyenda recogida por don José Gálvez Barrenechea, quien realiza el primer reporte no arqueológico de este sitio.

    Por lo demás, no me queda sino felicitar al autor por este logro que comparte con la comunidad académica y, asimismo, al editor por el bien logrado producto de este esfuerzo común.
    Cesar Galvez Mora

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