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LA CULTURA MOCHICA

    Personaje Mitológico

    En el período cultural conocido como desarrollos regionales existió en la costa norte del Perú un pueblo poderoso y muy guerrero conocido como la sociedad Mochica, tuvo su hábitat en el valle homónimo, desarrollándose entre los territorios de Huarmey al sur y Piura al Norte; ocuparon los valles de la Leche, Lambayeque, Jequetepeque, Chicama, Moche, Virú, Chao, Santa, Nepeña y Huarmey.

    Dentro de esta secuencia cultural se ubica al misterioso, y mágico pueblo milenario Mochica, cuya antiguedad se estima entre los 100 años a.C. hasta los 700 años d.C. De acuerdo a los testimonios arqueológicos registrados se ha determinado que las culturas norteñas como Cupisnique (Chavín costeño), Salinar, Vicús y Virú, han contribuido al nacimiento de esta cultura en sus primeras épocas; por eso podemos afirmar que la Cultura Moche o Mochica, luego de este largo proceso, aparece como una síntesis regional autónoma, con mayores aportes tecnológicos e ideológicos que cualquiera otra cultura norcosteña y andina.

    Históricamente fue conocida como Protochimú por Max Uhle; Gordon Willy la denominó Clásica; Muchik, Julio C.Tello, y Chimú Temprano (Early Chimu) por Kroeber en 1925. En la actualidad, Mochica o Moche es el nombre más empleado en el lenguaje científico. Pero fue Max Uhle (1899) quien dio a conocer por primera vez la existencia de esta cultura luego de realizar trabajos de investigación en el valle de Moche. Uhle excavó alrededor de 50 tumbas entre las Huacas del Sol y de La Luna, que le permitieron identificar hasta cuatro distintas culturas que habitaron sucesivamente en el valle: Protochimú (Mochica), Tiahuanacoide, Chimú e Inca.

    Los materiales culturales, especialmente cerámica, encontrados por Uhle fueron llevados a la Universidad de Berkeley y analizados por Alfred Kroeber (1930), confirmando que se trataba de una Cultura Protochimú y Pretiahuanaco, dicho anteriormente por Uhle. En base a la cerámica, Don Rafael Larco Hoyle (1948) la clasificó en cinco fases estilísticas, tomando para esto ciertos criterios de forma y dimensiones de los picos, asas estribo y cuerpo, así como las decoraciones. Las dos primeras con una arraigada herencia de los estilos Cupisnique, Salinar y Virú; la tercera y cuarta etapa denominada clásica y la quinta fase la considera como la época de decadencia con fuertes influencias foráneas.
    Larco Hoyle caracteriza cada una de las fases con las siguientes particularidades:

    Fase Mochica I

    La cerámica es pequeña, de aspecto sólido, en algunos casos de forma lenticular; de asas proporcionales y circulares con picos cortos y fuertes rebordes. Las formas comunes son : vasos retratos, antropomorfos de cuerpo entero, zoomorfos, fitomorfos, cántaros sencillos con asa de estribo. Colores crema y rojo, crema y ocre, rojo, crema y anaranjado; crema y negro. Hay una influencia de la decoracion negativa. Los motivos más comunes son los puntos grandes, los círculos, rombos, cabezas de lagartijas estilizadas, triángulos con círculos concéntricos, signos escalonados, bandas cuyos temas pictóricos en colores están delineadas por incisiones.

    Fase Mochica II

    El grosor de las paredes disminuye. La cerámica se alarga y no se observa tendencia en darle la misma altura que ancho, se inicia con esto la esbeltez de los vasos. El asa y el pico crecen proporcionalmente, y mientras el asa no pierde la forma redondeada, el pico pierde el reborde pronunciado, quedando tan sólo un pequeño ribete.
    Existen vasos retratos, antropomorfos de cuerpo entero, fitomorfos y zoomorfos. Predominan los colores crema y rojo, crema y ocre, rojo y crema plomizo, marrón y anaranjado, crema y ocre.

    Fase Mochica III

    Se inicia el refinamiento de esta cultura. Las paredes de los vasos se afinan sin perder su solidez, el ceramio está cubierto por una fina capa de engobe cuidadosamente pulida. Los hornos abiertos con abundante oxigenación fueron perfeccionados.
    La cerámica es un poco más grande que Mochica II. Los recipientes son de mayor capacidad. Las asas y los picos se afinan notablemente, siendo las primeras elípticas y los picos pequeños, acampanulados y con reborde casi imperceptible. Los ceramios son de líneas armónicas y proporcionadas.
    Las esculturas antropomorfas son verdaderos retratos de personas. La escultura religiosa adquiere importancia.

    Fase Mochica IV

    Los motivos escultóricos y pictóricos se multiplican y adquieren mayor complejidad. El artista mochica trata de perennizar en su cerámica no solamente los asuntos comunes de su vida diaria, sino también las actividades de sus instituciones organizadas. El rico acervo de su vida espiritual es sintetizado en las escenas pictóricas que cubren los numerosos vasos de caracteres religiosos.
    Los vasos se alargan y también proporcionalmente el asa, que ya no es chata sino, redonda o ligeramente angular. La mayoría de los picos son largos y rectos, aunque hay algunos más angostos en la punta con bordes levemente afilados.

    Fase Mochica V

    La cerámica de este período, por sus formas y decorado, constituye el "arte barroco" de la cultura mochica. Se reduce en tamaño pero el asa se alarga, siendo el pico más pequeño. El asa toma una forma triangular acentuada y el pico es de naturaleza troncocónica con bordes afilados del interior hacia afuera. Las representaciones geométricas abundan. El motivo escultórico pasa a segundo plano, desplazado por el arte pictórico.
    Las técnicas de manufactura que mayormente conocieron fueron el moldeado y el estampado. Por el gran dominio de la cerámica escultórica y pictográfica se le ha denominado, y con mucha justicia, el Período de los Maestros Artesanos. Dada la calidad estética y temática de su innumerable producción se ha convertido en el mejor espejo de su vida cotidiana y espiritual.
    Los Mochica, fueron excelentes ceramistas; emplearon la arcilla con contenidos de hierro (roja) y de alúmina (blanca). Como fundentes usaron el carbonato cálcico o polvo de huesos y, como temperantes, cuarzo, silex, pirita molida y arena fina. Manejaron temperaturas de 800 ºC a 1000 ºC. Como combustible usuaron leña de algarrobo y huarango. El sitio de Cerro Mayal, que se encuentra en la parte baja del valle de Chicama; ha proporcionado informaciones valiosas para la reconstrucción de las actividades que se realizaban en un gran taller especializado de cerámica; identificándose la variación de los productos manufacturados y reconstruyéndose así la naturaleza tecnológica de fabricación, como el uso de moldes y hornos.

    Botella  Moche

    La decoración fue a base de dos colores: crema y rojo indio, siendo la forma más preferida y típica la botella esférica de base plana y asa estribo. Debemos destacar que dentro de la morfología de la cerámica, existe una gran variedad de formas: botellas, cántaros, ollas, "cancheros" con mangos y sin ellos, vasos, cuencos, platos, copas; representanción de instrumentos musicales, vasijas escultóricas mostrando personajes masculinos y femeninos, ceramios con diseños arquitectónicos, etc. La cerámica pictográfica era ejecutada con pinceles de pelos de animales y humanos, plumas de aves y puntas de carrisillos. Los diseños o dibujos se hacían mediantes colores planos, los personajes llenos de contraste se plasmaban de perfil, con algunos espacios rellenados de color rojo indio y complementado con líneas muy finas y elegantes.

    Los motivos pintados en el entorno de los cuerpos globulares de los ceramios incluyen temáticas variadas de su mundo ecológico, de sus actividades básicas de caza, pesca, recolección, tecnologías, batallas, danzas, sexualidad y un complejo mundo de representaciones ritualísticas: ceremonias de sacrificios humanos, transformaciones míticas: antrozoomórficas, antro-ictiológicas, antroornitomórficas; complementado con una serie de elementos tipo geométricos, como signos escalonados, grecas, cruces, círculos, orlas, volutas, etc.

    Gracias a sus ceramios podemos igualmente distinguir la representación de su fauna, abarcando todas las especies del entorno geográfico y reino zoológico de la costa, sierra y selva. Muchas de ellas fueron ejecutadas en forma realista y natural. Alternan tanto las especies domesticadas como la llama, el perro y los cuyes; como aquéllas que se mantuvieron en estado salvaje. Es el caso de mamíferos como el puma, otorongo, zorro, venados, monos, vizcachas, murciélagos, ratones, ballenas, tiburón, lobos marinos, y focas; o el de los ovíparos como la tortuga, lagartijas,"cañan" especie de lagartija comestible, la iguana, y las serpientes. También fueron representados moluscos y crustáceos como cangrejos, pulpos, estrellas de mar, caracoles marinos, de tierra o de río, camarones, erizos, y "caballitos de mar", etc.; y los peces: como los tollos, rayas, anchovetas, bonitos, chitas, róbalos, bagres, lisas, lenguados, tramboyos, etc. Batracios: sapos, ranas. Las aves: búhos, lechuzas, palomas, loros, patos, tucanes, guacamayos, papagayos, picaflores, halcones, águilas, cóndores, etc. o pelícanos, gaviotas, patos marinos, guanayes, piqueros y zarcillos. Variedad de insectos, arañas y mariposas, etc.

    El artista Mochica ha plasmado el máximo realismo en sus huacos retratos, de sublimes estados psicológicos. Allí está el rostro del antiguo hombre Mochica, manifestado en su desbordante gesto de alegría, amor, odio, tristeza, dolor, soberbia y placer, etc. En cada uno sobresale el dominio estético de la expresión humana, nada que envidiar con otras manifestaciones del arte universal.

    También el sexo femenino se hace presente; no en la misma dimensión que el varón, pero allí está ella, como mujer y madre, en su más alta expresión de parto y de ternura, con el peso del trabajo de todos los tiempos. Ella se encuentra representada con gran sentido plástico, ataviada con túnicas sueltas o faldas largas que le cubren hasta las rodillas; la vestimenta se encuentra complementada con otros adornos sencillos. La presencia de la mujer se hace persistente a través de las estatuillas algunas de ellas relacionadas con la personificación de Ai APAEC, deidad suprema de la Cultura Moche.

    La alquimia del amor también estuvo presente en su cerámica, dentro de este universo de representaciones eróticosexuales, se encuentran los órganos genitales masculino y femenino caracterizados en forma independiente en los ceramios; luego con el desarrollo magistral de la escultura las manifestaciones de falos y vulva se encuentran identificados en el contexto cultural, cuyas representaciones son siempre desproporcionadas adrede y sobre todo tratando de resaltarlos exageradamente en relación al cuerpo humano; por último llegando a un conjunto variado de relaciones de apareamiento en su más grande dominio plástico.

    Pero la representación sexual no sólo está referida a los hombres, también abarca el mundo animal y vegetal con diversidad de representaciones de sapos, ranas, perros, ardillas. Es decir se trata de un equilibrio cosmogónico unido por una idea central de reproducción o fertilidad en lo divino, de la que el hombre, los animales y las plantas no estamos ajenos a ello.

    La arquitectura Mochica recibió influencias de la cultura Virú, especialmente en el manejo del espacio con la forma de la "piramide" escalonada. Tanto la arquitectura de carácter monumental y la doméstica, se caracterizaron, principalmente, por estar construidas a base de adobes en forma rectangular paralelepípeda de constitución sólida, elaborados en moldes de madera. En la cara superior se advierten diversas marcas hechas a presión o incisiones anchas, posiblemente identificando a los diferentes grupos totémicos que participaron en la construcción del monumento, probable alusión a un sistema de trabajo de carácter corporativo o al cumplimiento obligatorio de tributos religiosos a sus deidades supremas.

    Hasta el momento en los diferentes monumentos principales, se han registrado más de un centenar de aquellos símbolos. Las dimensiones de estos adobes, que por lo general son de color beige, son de 43 x 27 x 17 y de 33 x 20 x 15 cm. Los arquitectos moches también utilizaron la piedra como elemento constructivo, pero de menor uso que el adobe, y prioritariamente para las bases de muros y terrazas.

    La forma más típica de las estructuras ceremoniales y domésticas es la rectangular, a excepción de las estructuras construidas con muros circulares en las cimas de cerros, como en el caso de Galindo, en el valle de Moche o de Huaca Cholope en el valle del Santa. Galindo ofrece, igualmente, arquitectura doméstica en una área aproximada de 5000 m2, siendo su patrón la edificación de viviendas unifamiliares sobre plataformas de piedras.
    Los complejos arquitectónicos monumentales que cumplieron funciones religiosas o administrativas están constituidas por varias terrazas escalonadas que abarcan todo el ancho del edificio, guardando orden simétrico con rampas inclinadas hacia patios o plazas.

    Estas son las características generales de los templos o huacas. Los adobes rectangulares se encuentran unidos con mortero de barro, dispuestos en forma de paneles modulares que dan la apareriencia de grandes columnas, apoyados unos con otros desde su base, logrando así resistencia y perenidad antisísmica ; también los adobes están dispuestos de canto, de cabeza y de soga. La arquitectura básica de la cultura Moche, en conclusión, fue monumental, doméstica y defensiva. Lo monumental está representado por impresionantes edificios "piramidales". La doméstica era pequeña, de varios cuartos comunicados con entradas rectangulares, con arcos en la parte superior e inclinados a dos aguas. Las de defensa eran erigidas en grandes fortificaciones.

    Sitios más representativos de esta arquitectura monumental los tenemos en Pañamarca (Valle de Nepeña- Ancash), Fortaleza de Cholope (valle del Santa- Ancash), Huaca del Sol y de La Luna, Galindo, Huaca "Florencia de Mora" (Valle de Moche), Huaca Mocollope, Huaca Cortada, Huaca Cao, Huaca Blanca, Huaca Cartavio, Huaca Amarilla o Mochón, Pacatnamú (Valle de Chicama), Huaca Rajada- Sipán, Pampa Grande (Lambayeque), Complejo Arqueológico San José de Moro (Valle de Jequetepeque), etc.

    En el Valle de Moche podemos destacar la presencia de las Huacas del Sol y de La Luna, ubicadas en la Campiña de Moche, a pocos kilómetros de la ciudad de Trujillo. Esta imponente Huaca, debió haber alcanzado una altura promedio de 50 metros ; los adobes usados para su construcción son medianos, y fueron dispuestos en hileras horizontales y verticales.

    La plataforma que sirvió de base estuvo compuesta de cinco terrazas, el acceso se daba a través de un terraplén de 90 metros de largo por 6 metros de ancho, que al parecer servía de entrada al edificio. En seguida, hay una gran "pirámide" que corona toda la región meridional constituida por cinco plataformas escalonadas. Es muy probable que estuviera decorada con pinturas murales como en la Huaca de La Luna.

    La huaca de La Luna, ubicada al pie del cerro Blanco considerada como "impresionante centro ceremonial", está conformada por un complejo de estructuras que ocupa una área aproximada de 350 x 300 mts. orientada de Sur a Norte. Presenta tres plataformas piramidales escalonadas, la más grande tiene una forma cuadrada y mide 100 m. de lado; el flanco suroeste del complejo viene conectado con una plaza al norte y otra al este; a su vez, la segunda plaza se conecta con otras dos, una al norte y otra al sudoeste. Ambas plazas están asociadas en la parte este a una plataforma.

    Texto: Arqº.Enrique Vergara
    "Mitografía Mochica" (1996)

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