Un primer aspecto que consideramos vital en esta reflexión, se relaciona a ciertas deficiencias
derivadas de algunos notorios vacíos en la formación académica del futuro profesional y más
aún en la consolidación de su frágil vocación profesional y que nos lleva a una inevitable y
futura realidad, haber formado dos conductas diferentes y hasta antagónicas en la investigación
y conservación del Patrimonio Cultural, por un lado, el arqueólogo exitoso o el desempleado
dedicado a "lo que puede"; y por el otro, aquel que termina en la frustración o desempeñando
una actividad ajena a la especialidad.
En esta etapa preliminar de la formación académico-profesional apreciamos una tendencia a lo
cognitivo, a la tradicional instrucción o simple reparto almacenamiento de conocimientos, a
una tediosa y hasta innecesaria recarga horaria de clases teóricas, dejando de lado un aspecto,
que por lo general parece no interesar a los planificadores de la educación superior
universitaria, y es el área de los objetivos afectivos, aquellos que marcan una huella
indeleble en la conciencia del futuro profesional o individuo y que se traduce en sus
calidades éticas como persona, compañero, funcionario o profesional.
Otro detalle gravitante en este modelado de conciencias es la estructura curricular,
generalmente forjada y definida al ritmo de lo que el profesor o equipo docente piensa debe
ser, sin tener en cuenta las expectativas de los alumnos, sus aspiraciones o proyecciones. En
este proceso apreciamos las "normales" desavenencias entre unos y otros experimentados grupos
de docentes, frecuentemente en conflicto o confrontados, que se refleja en currículas y
contenidos silábicos flojos y nada exigentes, ni para el alumno, menos para el profesor.
Hay asignaturas que resultan gravitantes o de necesario reenfoque silábico, como Historia,
Filosofía v Crítica de Arte, Iconografía e Iconología General, Arquitectura Prehispánica y
Tecnologías Constructivas y, en especial, la Conservación Arqueológica Inmueble y Mueble. En
este último caso, hemos apreciado en varias ocasiones las dificultades que enfrentan los
jóvenes arqueólogos, recién egresados, como residentes de un sitio importante y emblemático
como Chavín de Huántar y Kuélap, entre otros. Definitivamente, estas materias brindan un marco
conceptual más amplio al alumno y un margen de análisis y apreciación más objetivo y confiable
de los contextos que se estudian. En realidad, las estructuras curriculares no deben responder
a los intereses y acomodos de los docentes.
Como si fuera poco, es notorio el deficiente apoyo pedagógico que la Universidad Nacional de
Trujillo ofrece como institución, sin equipos de audiovisuales modernos, ni aulas apropiadas
y con dos bibliotecas desactualizadas y mal implementadas, una en la Facultad de Ciencias
Sociales y la otra en el Museo de Arqueología, de la UNT, dos unidades que no ofrecen nada
sustantivo al alumno ni al profesor, por lo obsoleta de su colección de libros y publicaciones
periódicas. La ausencia de una fototeca (fotos aéreas y de registro de recursos culturales),
planoteca y cartas nacionales, resultan por demás lamentable. Sin embargo, a pesar de estas
notorias deficiencias, los arqueólogos norteños en ejercicio han demostrado sus valores
personales y ocupan un sitial por méritos propios, antes que institucionales.
INVESTIGACIÓN Y PUBLICACIONES
Respecto a este punto hay mucho que decir por los numerosos casos, que dejan al descubierto
uno de los aspectos más enrarecidos en la conducta profesional del arqueólogo, de hecho, uno
de los puntos álgidos y de mayor controversia por las secuelas de desconfianza y conflicto
que ha dejado en las relaciones humanas de este gremio, y que sin duda es una de las causas
por la que aún no pueden constituir su Colegio Profesional, ni una Comisión Técnica Regional
Norte en el seno del INC.
Es cotidiano, para pecar de exagerado y con ello definir la escala humana del problema, como
intencionalmente se desconocen los méritos de otro colega con la simple omisión de un dato o
del crédito correspondiente, o la ausencia deliberada de una cita bibliográfica que el rigor
de la investigación no debe avalar. Resulta incómodo advertir la justificada ira de un
arqueólogo, al ver que sus ideas y propuestas vertidas en una conversación de campo son
publicadas por el colega o compañero de equipo como propias y sin consignar la referencia
de la comunicación personal. Es más, en este panorama resulta evidente la limitada actividad
de investigación y publicación de los egresados y la falta de voluntad de los arqueólogos
consagrados por publicar sostenidamente.
Algo similar se da cuando se trata de un hallazgo importante, y en las primeras publicaciones
o reportes no se consigna adrede el crédito correspondiente, asumiendo con la primicia de su
artículo o de su libro, ser el autor de ese descubrimiento. Esa es una vieja treta o simple
piratería, que ha marcado conciencias y generado más de una decepción, y que en algunos casos,
sólo la tolerancia ha evitado más de un conflicto personal en el equipo de trabajo. Esta
actitud reñida con la ética ha definido esa atmósfera de desconfianza que obliga a muchos a
guardar sus datos, limitando las posibilidades de un sincero y más amplio análisis
interdisciplinario. En realidad, el protagonismo y la ambición desmedidos han desfigurado
el carácter honesto que debe ser parte de la conducta profesional del arqueólogo.
ARQUEOLOGÍA Y DESARROLLO EMPRESARIAL
Por último, hay que subrayar un aspecto que a pocos interesa y a muchos incomoda, pues, el
molde de científico no permite aceptar la idea de desarrollarse como un profesional que puede
hacer empresa con una profesión como la Arqueología, una ciencia social destinada finalmente
al consumo elitista de su producción. En varias ocasiones he apreciado el inmediato desagrado
frente a la sugerencia de ejecutar un proyecto bajo criterios gerenciales y de gestión
cultural. Al fin de cuentas, el arqueólogo no estaba preparado para ese tipo de actividad,
la vieja costumbre de esperar los proyectos de colegas extranjeros en los meses de invierno,
era una alternativa seria ante el tradicional desempleo, de allí que no debe resultar extraño
sugerir la inclusión de un taller o seminario sobre proyectos de desarrollo. cálculo de
presupuestos y costos, mercadotecnia y marketing.
Pues bien, en un momento de crisis económica es difícil conseguir el apoyo financiero como
el que aporta ejemplarmente el grupo cervecero Backus & Johnston en la Huaca de la Luna, Valle
Moche, y otros sitios arqueológicos de la costa norperuana, sin embargo, ello ha generado más
de un escozor en los inicios del Proyecto Huaca de la Luna, más aún cuando se perfiló la figura
de un proyecto de autogestión en base al uso público de las áreas excavadas. Recuérdese que
incluso motivó la crítica de algunos miembros de una comisión técnica nacional. Obviamente,
resultaba extraño o irreverente que un monumento fuese tratado como una "mercancía", era
preferible, deduzco, mantener el estado de abandono y permanente expolio.
En suma, resulta difícil hacer arqueología por que no hay financiamiento estatal y las leyes
tributarias han debilitado nuestras posibilidades de conseguir donaciones del sector privado,
más aún cuando en este panorama sombrío hay figuras que expresan una conducta desleal, sucia
y cobarde, aquella que recurre al pasquín para sabotear la labor de quienes trabajan en el
campo, y ello no es sólo una cuestión de envidia, es en esencia incapacidad moral y
profesional.
Por: Ricardo Morales Gamarra
En: Revista Sian /Año 6 / 2001
Nº 11 pp. 34 -35
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